Qi Baishi en el Museum de Málaga 150 150 Suzuri

Qi Baishi en el Museum de Málaga

El Museum Jorge Rando de Málaga ha sido el lugar elegido por el Museo Memorial de Qi Baishi de Xiantang (Hunan, China) para albergar la primera exposición de Baishi (1864-1957) en un país occidental.

El lenguaje neoexpresionista del pintor malagueño Jorge Rando y el hecho de que Málaga sea la ciudad natal de Picasso, quien manifestó en diferentes ocasiones su admiración por Qi Baishi, han sido determinantes a la hora de seleccionar el Museum.

El propio Picasso dijo refiriéndose a una de las obras de Baishi: «Cuando dibuja un pez, no hay ni un solo trazo para describir el agua y, sin embargo, no solo se puede ver el río sino que también se puede sentir el aroma de sus aguas».

La exposición, a pesar de haber sido anunciada con antelación nos ha pillado por sorpresa a más de uno, que hemos tenido que conformarnos con los contenidos de la web de Museum y el catálogo de la misma (del que está en producción la edición en inglés, más exhaustiva). A pesar de ello han sido casi 5.000 personas las que han podido disfrutar de las obras expuestas en una muestra singular tan atractiva como efímera, ya que solo ha permanecido abierta cuatro días.

The breeze from Qi Baishi’s hometown, es el título de una exposición de la que han formado parte 60 obras del famoso pintor chino y de algunos de sus discípulos y seguidores (entre los que cabe citar a Chen Xiaoqui, Wang Qizhi y Zhu Wenzhi). También se han expuesto 40 obras, algunas inéditas, de Jorge Rando (óleos de gran formato, acuarela y dibujos).

Una de las salas compartía obras de Baishi y del propio Rando, con la intención de procurar un diálogo no solo entre sus autores, sino también entre dos estilos comprometidos con la expresión de los sentimientos y de las emociones de ambos pintores.A través de los trazos gestuales aparentemente simples y decididos que reflejan el mundo interior de cada artista, el visitante pudo comprobar como oriente y occidente son capaces de coincidir en la búsqueda de la verdad a través de la belleza, independientemente de los motivos representados o de las técnicas utilizadas.

Conectar el alma del artista con el mundo del que forma parte para convertir la pintura en una forma de expresión íntima que trasciende los cánones de belleza clásicos del arte occidental.

Ese es el camino, quizá, que han querido mostrar Rando y Baishi a todos los que han tenido la suerte de poder disfrutar de su efímera presencia en el Museum.

Baishi, que nació y se crió en el seno de una familia humilde dedicada a la agricultura, se inició en la pintura tras leer uno de los manuales más conocidos por quienes profesan el arte del sumi-e:  El jardín de la semilla de Mostaza. Con él aprendió la técnica de la que, con el tiempo, acabaría siendo la gran pasión de su vida. Durante su juventud fue discipulo de Hu Qinyuan, con quien desarrolló el interés por la poesía y afianzó su destreza en el dibujo.

En Beijing conoció a Bada Shanren y a Chen Shizeng. Con éste último llegó a forjar una relación de profunda y sincera amistad de la que se beneficiarían mutuamente sus estilos pictóricos. El de Baishi más sencillo y relajado hasta entonces y el de Shizeng menos anclado en los cánones tradicionales.

Como consecuencia de su relación Baishi desarrollaría un estilo renovador de la pintura tradicional en su país, convirtiéndose en uno de los artistas chinos más reconocidos y valorados en todo el mundo. «Flores rojas y hojas de tinta», el nombre del estilo con el que el propio Baishi definió su nuevo estilo pictórico, le consagraría como uno de los embajadores de la pintura nacional china en occidente.

Me alegro por quienes hayan tenido la oportunidad de ver esta maravillosa exposición.

 

 

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