Rocas de los eruditos en una fuente zen 1024 571 Suzuri

Rocas de los eruditos en una fuente zen

La pintura de rocas es un motivo habitual en la práctica del sumi-e. Los antiguos pintores letrados, al caminar solían tropezarse con rocas de diferentes morfologias. Al sentirse sorprendidos por su presencia y cautivados por su apariencia y personalidad, acostumbraban a considerarlas como iguales. Precisamente, de esa relación de amistad entre iguales, surge la denominación «rocas de los eruditos»o Gongshi (供石).

Su presencia comenzó a hacerse habitual como motivo complementario en la pintura de flores y aves. De esta manera resulta frecuente verlas hoy también acompañando a los «cuatro caballeros» en composiciones en las que su personalidad aporta un plus de elegancia y distinción, al bambú, la orquídea, el crisantemo o el ciruelo.

En el parque de las minas (en Pozuelo de Alarcón) hay una fuente muy “zen”.

Una composición rocosa, aparentemente casual, de la que fluye agua reciclada con el fin de renovar el depósito de un estanque en el que conviven patos y carpas. Y paseantes que disfrutan a la sombra de un enorme sauce llorón de largas y suaves ramas que parecen acariciar el curso del regato artificial que serpentea entre los álamos del paseo. Cómo me gusta escuchar el rumor de sus ramas, tan erguidas y ya medio desnudas ahora, al terminar el otoño.

No hay un lugar mejor (tan cerca al menos de nuestra escuela de pintura zen) que nos sirva de excusa y motivación para iniciarnos en la pintura de rocas, una técnica que en el sumi-e, resulta reconfortante y sorprendentemente gratificadora.

Solo es preciso proveernos de tinta, papel de fibras naturales y pincel (que sombra, agua y bancos ya hay).

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