La contemplación de una pintura de paisaje como práctica de meditación 616 308 Suzuri

La contemplación de una pintura de paisaje como práctica de meditación

Una vista remota y pura de arroyos y montañas

La pintura «Una vista remota y pura de arroyos y montañas» es una ventana abierta a la introspección. La técnica empleada por Xia Gui (1195 – 1224) en este rollo horizontal nos ofrece enormes posibilidades para la práctica de la meditación a través de la contemplación activa. ¿Te animas a comprobarlo?

«lo que la naturaleza humana busca y raramente haya es la bruma, la niebla y los errantes espíritus de los montes»

Kuo Hsi, Ensayo sobre pintura paisajista

Xia Gui (1195 – 1224) es uno de los pintores más reconocidos de la dinastía Song. A pesar de su academicismo, su estilo llamó la atención de muchos y muy diversos pintores que durante siglos se han seguido sintiendo inspirados por la técnica de Gui, entre ellos, el mismísimo Sesshu Toyo. Su técnica se basa en una combinación formada por sucesivos lavados sutiles y pinceladas limpias que se superponen para generar una atmósfera profunda y etérea. Pero sin renunciar a la creatividad, a la espontaneidad ni a la rapidez en la ejecución. A la tinta salpicada o al uso de viejos pinceles, abiertos y despuntados.

Acompasando nuestra mirada al ritmo del video podemos descubrir una amplia variedad de estados atmosféricos y fenómenos meteorológicos que parecen sucederse sin solución de continuidad a lo largo del rollo.

Un rollo de mano de casi 9 metros de largo que podemos descubrir si seguimos con la mirada el discurrir que nos propone el vídeo, como si mantuviésemos la pintura entre nuestras manos.

Al recorrer con la mirada esta obra, podemos apreciar la sensación de profundidad expresada mediante la aplicación de lavados extremadamente sutiles que nos sugieren la ligereza y la transparencia del aire más puro por contraste con otras en las que podemos notar la presencia de partículas de polvo que disminuyen su transparencia.

La representación de nubes bajas en las cercanías de las montañas nos permiten percibir la bruma que surge a través de sutiles pinceladas hasta el punto de hacernos sentir las presencia de las partículas diminutas de agua en suspensión.

La sensación de frío y humedad que transmite la niebla de ríos y lagos con apariencia de humo saliendo de la superficie del agua es captada mediante pinceladas más densas y pegajosas que nos «mojan» al atravesar la pintura.

Otro paisajista insigne, máximo exponente de la pintura Song septentrional y profesor de la Academia Imperial de Pintura, Guo Xi (Kuo Hsi, 1020 – 1090) se preguntó ¿por qué el sabio se deleita en la contemplación del paisaje?

Y para los que no nos consideramos sabios, ¿cómo es eso de meditar viendo una pintura? ¿Qué hay que hacer? Comencemos por nuestra disposición física y mental.

DISPOSICIÓN FISICA. Lo primero es encontrar el silencio interior. Para ello propongo atenuar la iluminación de la habitación en la que nos encontremos.

Podemos bajar la persiana parcialmente si es de día o simplemente apagar la luz principal de la habitación sustituyéndola por una luz indirecta, por ejemplo.

Podemos permanecer sentados en la silla de nuestro escritorio, frente a la pantalla de nuestro ordenador de sobremesa; mejor descalzos, con las plantas de los pies naturalmente apoyadas sobre el suelo y con la espalda recta, apoyada sobre el respaldo de la silla, manteniendo las manos sobre el regazo con los dedos entrecruzados, y la barbilla levemente bajada para no tensar el cuello frente a la pantalla.

Si lo preferimos, podemos sentarnos en el suelo, sobre nuestros talones, colocando un cojín entre éstos y los glúteos; manteniendo la espalda también recta y procurando que al mirar la pantalla de nuestro portátil (sobre una silla convencional que colocaremos delante de nosotros), nuestra barbilla quede levemente bajada para no tensar el cuello tampoco en esta opción.

DISPOSICIÓN MENTAL. Antes de contemplar el escritorio de nuestro ordenador, agradezcamos la suerte de poder estar delante de un paisaje pintado con manos diestras: sin salir de la habitación, al momento, nos encontraremos frente a un sorprendente escenario, amplio y profundo. Sosegado y silente. Evocador y sereno. Una composición que contribuirá a ensanchar nuestro corazón y en la que nada resulta superfluo.

Podemos encender una barra de incienso y contemplar unos segundos como comienza a consumirse mientras el aroma que perfuma la habitación nos invita a componer nuestros pensamientos y serenar nuestro espíritu.

Nuestra aproximación a la obra, debe resultar ingenua, por eso nuestra disposición debería ser la de un niño de seis años. Es preciso, como sugiere Shunryu Suzuki en sus Charlas informales sobre meditación refiriéndose a la actitud mental que debemos adoptar en la práctica del zen, «mantener la mente del principiante».

«En la mente del principiante hay muchas posibilidades, pero en la del experto hay pocas».

Shunryu Suzuki

Mantener la mente vacía, lo cual no significa cerrada, sino preparada: abierta a todo. «Este también es -explica Suzuki- el verdadero secreto de las artes: ser siempre un principiante». Aprender a pintar no es diferente de aprender a mirar.

PRÁCTICA DE MEDITACIÓN. Una vez dispuestos, solo nos queda comprender una cosa antes de darle al «play»: hay paisajes que simplemente se ven desde la ventana, bien a través del cristal, bien asomándose a ella para respirar el aire de afuera. Pero no se trata de eso.

Ya puedes darle al «play» y volver a acomodar tus manos entrelazadas sobre el regazo. Fija tu atención en ellas pero sin dejar de mirar a la pantalla del ordenador.

Haz tres respiraciones profundas antes de empezar para acompasar el tempo de tu mirada con el ritmo del video y… déjate llevar.

Sentirás cómo tus manos entrelazadas se alejan de ti levemente con cada inspiración y vuelven a acercarse al expirar.

No importa sino te resulta fácil al principio. No tengas prisa, no desesperes. No intentes concentrarte, ni te esfuerces. No pretendas conseguirlo, ni siquiera comprenderlo. Se compasivo contigo mismo. Probablemente solo se trate de que tu disposición mental aun no es la de un niño. Simplemente, vuelve a intentarlo otro día. Procura hacerlo con la mente vacía.

Así las veces que hagan falta, hasta que después de traspasar la ventana imaginaria que es la pantalla de tu ordenador comiences a sentir en el rostro una brisa suave. Hasta que puedas oler la resina de los pinos, escuchar el murmullo del viento.

Hasta que te atrevas a sonreír sin disimulo a las personas que conversan en la orilla, bajo el gran risco. Hasta que sientas que formas parte del Todo.

Cuando lo consiguas, al terminar el video, sentirás la necesidad de cerrar los ojos y buscar tu propio sendero dentro del paisaje. Piérdete hasta encontrarte.

Serán solo otros cinco minutos (esta vez en completo silencio), aunque al terminar la práctica quizá quieras volver para quedarte toda la vida.

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